La noche anterior, infusionamos la leche con la rama de canela y la ralladura de limón y naranja. Para ello, volcamos todos los ingredientes en un recipiente apto para microondas y calentamos a potencia máxima durante algo menos de 3 minutos, hasta que veamos que la leche empieza a hervir. En ese momento, tapamos bien y dejamos enfriar. Una vez templado, lo introducimos en la nevera hasta el día siguiente.
La noche anterior también, añadimos en un bol los ingredientes del prefermento, mezclamos bien (pudiendo hacerlo también con las manos) y lo guardamos en un táper bien cerrado en la nevera hasta el día siguiente.
Al día siguiente, preparamos la masa en un bol. Para ello, empezamos añadiendo el prefermento preparado el día anterior. Lo añadimos directamente de la nevera troceándolo con la mano. Después, añadimos la leche infusionada (tras retirar la rama de canela), el agua de azahar, el anís, la levadura, la mantequilla del tiempo y en dados para facilitar su integración, los huevos cascados y batidos, el azúcar, la harina y la sal. Mezclamos todo hasta que esté bien integrado.
Amasamos durante 10 minutos con las manos y la mesa enharinadas. Dejamos reposar 10 minutos dentro del bol y volvemos a amasar a mano otros 10 minutos. Finalmente, dejamos reposar 30 minutos en el bol.
Con las manos y la mesa enharinadas, cogemos la masa y le damos forma de rosca haciendo un agujero en el centro y estirando poco a poco con las manos hacia el exterior, con cuidado de no desgarrar la masa. Colocamos el roscón sobre la bandeja del horno forrada con papel de hornear. Como la masa es bastante pegajosa y puede resultar algo complicado trabajarla, otra opción es hacer el «roscón» en dos moldes de plum-cake (ya que en uno se puede llegar a desbordar). Para ello, untamos los moldes con un poco de aceite y, tras el segundo amasado del paso anterior, dividimos la masa en dos y colocamos cada mitad en un molde. Apretamos un poco la masa para que quede bien repartida por todo el molde y dejamos reposar 30 minutos. En este caso, como en el de la panificadora, no obtendremos la forma de roscón, pero esto no afecta ni al sabor ni a la textura, que quedarán idénticos al de un buen roscón. A continuación, dejamos fermentar durante 2 horas en una zona cálida de la cocina o en el interior del horno apagado, hasta que la masa duplique su volumen.
Finalizada la fermentación, pintamos la superficie de la masa con huevo batido para que se dore durante el horneado. Además, decoramos con lo que más nos guste. Yo lo he hecho con fruta confitada, con almendras naturales que he pelado, tostado y picado (ver nota 3), y espolvoreando un poco de azúcar.
Con el horno precalentado a 180 ºC, colocamos la bandeja o los dos plum-cakes en la parte más baja y horneamos durante 20 minutos a 180 ºC con calor arriba y abajo y la opción turbo desactivada para evitar que se reseque. Si al final de los 20 minutos se estuviera tostando demasiado, apagamos la parte superior del horno y dejamos calor solo por abajo hasta finalizar el tiempo.
Finalizado el horneado, sacamos de la bandeja o de los moldes y dejamos enfriar totalmente sobre una rejilla antes de cortarlo o rellenarlo.
Si se quiere rellenar, podemos cortar el «roscón» transversalmente y rellenarlo de nuestra crema favorita: chantillí, trufa, merengue, crema pastelera… Yo no lo he hecho porque me encantan el sabor y el aroma que tiene este roscón casero y prefiero disfrutar de ellos sin más azúcares.