Sacamos los huevos y la mantequilla de la nevera al menos dos horas antes para que estén a temperatura ambiente cuando vayamos a usarlos. De esta forma, será más fácil emulsionar los huevos y la mantequilla estará en pomada (ver nota 2), todo lo cual permitirá conseguir un mantecado más esponjoso y ligero.
Cascamos los huevos en un bol y añadimos el azúcar y la sal. Batimos con varilla eléctrica hasta que la mezcla aumente entre dos y tres veces su volumen. Para facilitar esta tarea, mantenemos el bol al baño maría (ver nota 3). Una vez que la mezcla se vuelve densa y espumosa, podemos sacar el bol del baño maría.
En otro bol, troceamos en dados la mantequilla en pomada y batimos con varilla eléctrica para hacerla fluida (no líquida) y que la podamos mezclar más fácilmente. También se puede hacer con varilla manual, aunque costará un poco más. Para facilitar la tarea, podemos aprovechar el baño maría anterior y meter en él el bol de la mantequilla.
Añadimos la mantequilla a los huevos y mezclamos hasta que todo esté bien integrado. Hacedlo con suavidad y movimientos envolventes, evitando que se rompan las burbujas de aire que hemos conseguido atrapar al batir los huevos, que es lo que nos permitirá obtener un mantecado esponjoso.
Agregamos la harina y la maicena por tandas, tamizándola sobre la mezcla con un colador de malla fina y removiendo bien hasta que quede incorporada y sin grumos, de nuevo suavemente y con movimientos envolventes.
Precalentamos el horno a 170 ºC durante 15 minutos.
Mientras tanto, volcamos la mezcla con cuidado en un molde de plum-cake de 20 centímetros previamente engrasado o forrado con papel sulfurizado (de hornear) (ver nota 4) y lo introducimos en la parte baja del horno a 170 ºC con calor arriba y abajo (sin función ventilador o turbo) durante unos 45 minutos, aunque esto puede variar en cada horno, por lo que debéis vigilar que no se queme la superficie del mantecado y que antes de sacarlo esté hecho por dentro (que al introducir un cuchillo o palillo, estos salgan limpios).
Apagamos el horno y dejamos el mantecado en su interior unos 15 minutos más y sin abrir la puerta para que termine de hacerse con el calor residual.
Sacamos del horno y dejamos que se enfríe dentro del molde (unos 15 minutos), evitando así que se reseque.
Una vez frío y desmoldado, mezclamos azúcar glas y zumo de limón y removemos hasta que el azúcar se disuelva por completo (ver nota5). Con una cuchara, vertemos la mezcla por encima del mantecado hasta que quede cubierta toda la superficie, dejando que caiga por los laterales. También podemos utilizar una brocha. Finalmente, decoramos con lo que más nos guste (bombones, huevos de chocolate, lacasitos, etc.).
Para conservar el mantecado perfectamente y sin que se reseque, podéis cortarlo en porciones y guardarlas en bolsas herméticas de congelar. Pero debéis esperar a que esté frío por dentro.