Lavamos bien los pimientos y los secamos con papel de cocina.
Quitamos el pedúnculo con cuidado, sin llegar a romper el pimiento. Intentamos sacar todas las pepitas que sea posible por el agujero. No debemos lavar el interior del pimiento tras haber quitado el pedúnculo, ya que quedaría agua dentro y no se cocería igual. Si quedaran pepitas, no os preocupéis, se quitarán con facilidad una vez cocinados.
En un recipiente apto para microondas (de vidrio o silicona), lo más amplio posible y que se pueda tapar, por ejemplo, una ensaladera de vidrio, colocamos los pimientos y los tapamos, por ejemplo, con un plato que encaje bien.
Los cocinamos en el microondas a potencia máxima durante 10 minutos.
Una vez finalizados, sacamos el recipiente del microondas y lo destapamos con mucho cuidado de no quemarnos con el vapor. Le damos la vuelta a los pimientos y volvemos a tapar.
Introducimos de nuevo el recipiente en el microondas y cocinamos a potencia máxima otros 10 minutos.
Volvemos a repetir el paso 5.
Volvemos a repetir el paso 6, pero solo durante 8 minutos.
Sacamos el recipiente del microondas y observamos cómo están los pimientos. Deberían estar arrugados, igual que si los hubiésemos hecho en el horno. Si no es así, volver a taparlos e introducirlos en el microondas a potencia máxima unos minutos más, pero sin pasarse, parando cada 2 minutos para observar su estado.
Una vez que obtenemos el resultado ideal, sacamos los pimientos y los guardamos en un táper (mejor de vidrio), que cerramos herméticamente para que suden.
Una vez frío, guardamos el táper en la nevera hasta el día siguiente, ya que así será mucho más fácil pelar los pimientos.
Al día siguiente, los pelamos fácilmente a mano y... listo, ya los podemos usar en nuestras recetas o comerlos directamente en una rica ensalada como la que os enseño en el vídeo.