Cascar los huevos en un bol y añadir el azúcar. Batir con varillas hasta que aumente entre dos y tres veces su volumen. Para facilitar la tarea, hacer este paso manteniendo el bol al baño maría (ver nota 1). Una vez que la mezcla se vuelve densa y espumosa, sacar el bol del baño maría.
Agregar la harina por tandas, tamizándola sobre la mezcla con un colador de malla fina y removiendo bien hasta que quede incorporada y sin grumos. Hacerlo con suavidad y movimientos envolventes, evitando que se rompan las burbujas de aire que hemos conseguido atrapar en el paso anterior, que es lo que nos permitirá obtener un bizcocho esponjoso.
Utilizar un molde apto para microondas de unos 24 centímetros de diámetro (o el más amplio que quepa en el microondas) (ver nota 2). Para evitar que el bizcocho se pegue, hay dos opciones: a) untar la base y las paredes con unas gotas de aceite y haciendo uso de una brocha; o b) forrar base y paredes con papel de horno previamente humedecido con agua para que se adhiera bien.
Volcar la mezcla en el molde y cocinar en el microondas a 800 vatios durante 6 minutos sin tapar (ver notas 3, 4 y 5).
Una vez que se pueda manipular sin quemarse, desmoldar y dejar que se enfríe completamente.
Este bizcocho se puede congelar muy bien. Para ello, espolvorear con azúcar glas y envolver en papel film (el azúcar glas es para evitar que el bizcocho se pegue al papel film), guardándolo luego en una bolsa de congelación.