La noche anterior, infusionamos la leche con la rama de canela y las ralladuras de limón y naranja. Para ello, volcamos todos los ingredientes en un recipiente apto para microondas y calentamos a potencia máxima durante algo menos de 3 minutos, hasta que veamos que la leche empieza a hervir. En ese momento, tapamos bien y dejamos enfriar. Una vez templado, lo introducimos en la nevera hasta el día siguiente.
La noche anterior también, añadimos en un bol los ingredientes del prefermento, mezclamos bien (pudiendo hacerlo también con las manos) y lo guardamos en un táper bien cerrado en la nevera hasta el día siguiente.
Al día siguiente, preparamos la masa en la cubeta de la panificadora. Para ello, colocamos las paletas mezcladoras y empezamos añadiendo el prefermento preparado el día anterior. Lo añadimos directamente de la nevera troceándolo con la mano. Después, añadimos la leche infusionada (tras retirar la rama de canela), el agua de azahar, el anís, la levadura, la mantequilla del tiempo y en dados para facilitar su integración, los huevos cascados y batidos, el azúcar, la harina y la sal.
Colocamos la cubeta dentro de la panificadora y llevamos a cabo el siguiente proceso con la panificadora cerrada: 15 minutos de amasado, 10 minutos de reposo y otros 15 minutos de amasado.
Una vez finalizado y con las manos untadas con un poco de aceite para que no se nos pegue la mezcla, quitamos las paletas mezcladoras y apretamos un poco la masa para que quede bien repartida por toda la cubeta (ver nota 4).
A continuación, llevamos a cabo un programa de fermentación durante 2 horas con la panificadora cerrada. En algunos aparatos, el programa de fermentación es similar al de hacer yogur, pero si vuestra panificadora no tiene un programa de fermentación en el que podáis controlar el tiempo, podéis dejar la masa dentro de la panificadora cerrada y apagada hasta que se eleve hasta casi el borde de la cubeta. En este caso, debéis hacerlo en un ambiente que no esté muy frío, porque de lo contrario tardaría mucho tiempo en subir la masa. Normalmente, tardará unas 2 horas, pero debéis controlar que no se desborde.
Finalizada la fermentación, sacamos la cubeta de la panificadora y pintamos la superficie de la masa con huevo batido para que se dore durante el horneado. Además, decoramos con lo que más nos guste. Yo lo he hecho con fruta confitada, con almendras naturales que he pelado, tostado y picado (ver nota 3), y espolvoreando un poco de azúcar.
Volvemos a meter la cubeta en la panificadora y horneamos durante 35 minutos.
Finalizado el horneado, desmoldamos con cuidado de no quemarnos y dejamos enfriar totalmente sobre una rejilla antes de cortarlo o rellenarlo.
Podemos cortar el «roscón» transversalmente y rellenarlo con nuestra crema favorita: chantillí, trufa, merengue, crema pastelera… Yo no lo he hecho porque me encanta el sabor y el aroma que tiene este roscón casero y prefiero disfrutar de ellos sin más azúcares.